domingo, 15 de enero de 2012

Erizada 47: el regreso

-¿Otra vez por aquí? -dijo el erizo sin levantar la vista- Setenta y siete soles se han levantado y han vuelto a caer desde entonces.
-Suena a reproche.-susurré acuclillándome junto a él.
-Lo que suena es lo que es.
-Discúlpame. Estuve...
-Ahórrame la humillación de la excusa. Sientete como en casa. ¿Qué te trae por aquí: la nostalgia o la necesidad?
-Ambas pueden ser hermanas.
-Por supuesto que sí. -dijo agitando su pequeña lengua rosada.- ¿Sabes?
-¿Qué?
-Te he estado extrañando. En realidad, no me interesa demasiado por qué has vuelto. Solo me importa saber que estás otra vez aquí. Ha de ser una buena persona si te permite regresar.
Sonreí y agregué:
-Creo que lo es.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Erizada 46: Quoque tu

- Jaja -se rió el erizo -Nada es simple y no hay paso que no traiga pegado su sombra de frustración.
-Ya no quiero hablar y sentir que las palabras me gastan el tiempo de vivir.
-¿Entonces?
-Me cercan las vísperas.
-Lo mismo dijo César cuando le ofrecieron el puñal para trozar su cena, y mirá cómo terminó- sentenció el erizo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Erizada 45: un problema de perlocución

-¿Era así? ¿Tan simple? -reflexionó el erizo.
-Es que entre las púas siempre hay espacios para acariciar. -completé.
-Lo del teléfono era otra espina. No habría que prestarle demasiada atención.
-Todos tenemos claro -le indiqué- las cosas que sos capaz de decir con tal de asustar.
-Sí, el problema es que nadie se aterroriza de mí.
-Es cierto, das una ternura conmovedora. -me reí.
-Tengo problemas con los efectos de mi intencionalidad.
-No, el asunto es que, pese a todas tus corazas, en el fondo, no podés dejar de ser vos.

sábado, 22 de octubre de 2011

Erizada 44: fábula

-Escuchá, erizo, voy a leerte un relato de Marco Denevi: " El erizo era feo y lo sabía. Por eso vivía en sitios apartados donde no hablaba con nadie, siempre triste, aunque en realidad tenía un carácter alegre y gustaba de la compañía de los demás. Sólo se atrevía a salir a altas horas de la noche y, si entonces oía pasos, rápidamente erizaba sus púas y se convertía en una bola.
Una vez alguien encontró ese tremendo alfiletero. En lugar de rociarlo con agua o arrojarle humo -como aconsejan los libros de zoología-, tomó una sarta de perlas, un racimo de uvas de cristal, piedras preciosas, dos o tres lentejuelas, varias luciérnagas, un dije de oro, mariposas artificiales, un coral y un botón, y los fue enhebrando en cada una de las agujas del erizo, hasta transformar a aquella criatura desagradable en un animal fabuloso. Todos acudieron a contemplarlo. Según quién lo mirase, semejaba la corona de un emperador bizantino, un fragmento de la cola del Pájaro Roc o, si las luciérnagas se encendían, el fanal de una góndola empavesada para la fiesta del Bicentauro. El erizo escuchaba las voces, los aplausos, y lloraba de felicidad. Pero no se atrevía a moverse por temor de que se le desprendiera aquel ropaje miliunanochesco. Así permaneció durante todo el verano. Cuando llegaron los primeros fríos, había muerto de hambre y de sed. Pero seguía hermoso. "
-¿Y a mí qué? -exclamó mi erizo ofendido mientras ocultaba rápidamente las luciérnagas que había encendido en cada una de sus púas y que habían dado luz para poder leer.
Ambos nos quedamos silenciosos y en medio de la oscuridad.

jueves, 13 de octubre de 2011

Erizada 43: el collarcito de perlas

-¿Y?
-Nunca se sabe. -contesté.
-Hasta que se desea saber.
-Prefiero vivir en la ignorancia de mis propias imaginaciones.
-Eso no te lo creés ni en tu peor ataque de ingenuidad.
-¿Vos creés?
-Habla la que nunca da puntada sin hilo.
-Tal vez sea hora de vaciar el costurero y dejarse enhebrar.
-Ja, -se rió el erizo -ahora te llaman collarcito de perlas: cuenta tras cuenta... y un camino largo que baja y se pierde.
-El asunto, querido erizo, es hallarse en las palabras del otro: esa es la única manera de que el collar enrede sus vueltas.
-Mejor andá al mar y sumergite en la espuma: puede que veas todo con claridad. De no ser así, siempre podemos dedicarnos a la joyería, ¿o no?
-Siempre.
-Buen viaje, traé alfajores.
-Prometo que serán de frutas como te gustan a vos.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Erizada 42: Expropio de jueves

-Exacerbame un mate.-dije.
-No puedo: alguien exaltó el paquete de yerba y no alcanzo el estante.-me contestó el erizo.
-Deberíamos llamar algunos examen que den en altura.
-O que tengan el exánime encendida por el deseo de un buen mate.
-Nosotros estamos exaperantes de esa oportunidad, pero corremos el riesgo de que se nos vaya el día sin que alcancemos a estar excedentes en la terraza aguardando el sol en nuestras reposeras.-le aclaré.
-Máxime que por la tarde debemos tomar el subte B y transformarnos en excéntricos por Leando N. Alem.
-Es que estamos excitados para una reunión.
-A esta altura solo deseo exhalar y salir volando. -dijo revelando su deseo de pájaro.
-Cierto es, hay mucha exigente en estas circunstancias.
-Y todos parecen eximios de cocotero en cocotero.
-Mejor exorbitemos en unos sistemas planetarios donde la gente se expansione más deseosamente y no quiera expedir tanto.
-Cállemonos, quiero expender de un hilo.-le pedí.
-Sí, hagamos silencio y oigamos a los pájaros expiando.
-Sí, expiemos los que están en las ramas.
-Yo, a decir verdad, preferiría estar explayándome en Cariló.
-Para dejar de lado tantas expresiones y extensiones.
-Tomarse unos extintos y exterminar el fin de semana largo.
-Toda una extradición. -y nos quedamos callados

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Erizada 42: Año Nuevo

-Guefilte fish, blintzes, knishes, varenikes y leicaj- dijo el erizo mostrándome la mesa.
-¿Y esto?
-Rosh Hashana.
-Pero no somos judíos.
-¿Y? ¿No está bueno dos cenas de Año Nuevo? Ventajas de festejar dos veces por período. Son dos nuevas oportunidades de empezar.
-No lo había pensado. Claro, si te va bien de acá a diciembre, confirmás tu suscripción. -y nos reímos.
-Es perfecto experimentar la esperanza más de una vez al año. -agregó- Shaná Tová.
-Shaná Tová.- dije y empezamos a comer.